domingo, 12 de septiembre de 2010

Ahí sí; el dolor de la soledad, del vacío, es distinto a cualquier cosa. Es una angustia más fuerte, una angustia que produce un famoso nudo en el estomago imposible de desatar. Una pared en la garganta que no te permite tragar. Un dolor en el pecho insoportable, que no lo remedia nada, ni tus amigas ni tus viejos. Generalmente eso lo remedia un flaco que te quiere de verdad, que te dice que se enamoró de vos, que te dice que sos hermosa, que te ama, y todas esas giladas de enamorados; pero después resulta que se va con una puta que es más linda que vos, que es más puta, más rápida, que anduvo con el doble de pibes que vos y que principalmente le ENCANTA mostrarse en todos los sentidos. Quizás no es realmente mala mina, quizás hasta es buena y a el le hace un poco bien, pero como es puta, lo va a boludear y el va a terminar llorando como un tarado, y va a volver a vos. Vos como una boluda que sos y con lo enamorada que estás, lo vas a dejar volver, vas a llenarte de ilusiones vagas, te vas a dejar enamorar, el te va a ilusionar, porque no le importa nada, y vos, vas a pensar que las cosas con el van a salir adelante. La sorpresa que te vas a llevar cuando te des cuenta de que apareció otra puta, veinticuatro veces más linda que vos, más flaca, más tetona, más culona, y regaladísima. Claro, el, se va a ir atrás de la nueva puta, como un perrito, y te va a dejar tirada otra vez, y vos, tan patética, vas a intentar retenerlo en vano, porque a el ya le chupás un huevo otra vez. Y ahí, te vas a dar cuenta de que la puta esta, también lo boludea, como la otra. Cosa que te va a hacer llegar a la conclusión segura de que nadie lo va a amar como vos, nadie. Y así sucesivamente, el va a volver diez mil veces más, y vos vas a quedar tirada otras diez mil veces más, y está en vos decir basta. Pero puedo asegurar que decir basta es demasiado, demasiado difícil. Está en una ser fuerte, ser autónoma, ser inteligente, y viva. Pero, bueno, en realidad, yo estaba muy enamorada, demasiado, estaba como obsesionada y ciega a lo que habia a mi alrededor. Por eso, tardé tanto en gritar basta, dejarlo solo, y que se de cuenta por una vez que yo no era un pañuelo descartable al que podía usar de cualquier forma, cuando quería y como quería. Pero no es por este mini-resumen de lo que sentí por el, el vacío en el pecho del que hablé antes; esto pasó antes de que el vacío sea una simple emoción más.

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